Enero 1998 LA VOZ DE SIÓN
La Autoridad de la Biblia
Oportunidad
En tiempos recientes ha habido discusión acerca de la Biblia
y de su autoridad. Haciendo el asunto oportuno, como si viniera
de una dirección, está la nueva traducción,
recientemente terminada, de la Biblia (en Finlandia), ciertas
decisiones hechas por el Consejo General de la Iglesia y ciertas
investigaciones críticas, por eruditos bíblicos,
que ha sacudido la autoridad de la Biblia. Los medios de comunicación
también nos han pasado, eficientemente, la discusión
general a nosotros.
En el Cristianismo, también, la Biblia ha sido quizás
más discutida que nunca antes. Nuestra juventud se enfrenta
con este tema en el colegio. Por lo tanto hay motivo para que
Siionin Lähetyslehti (Periódico de la Misión
de Sión) tome parte en la discusión.
La Biblia es la Palabra de Dios
La Biblia - el Antiguo y el Nuevo Testamentos - es la revelación
de Dios. Es su mensaje a la humanidad. Como la revelación
de Dios, la Biblia contiene todo lo que Dios ha considerado necesario
que se le revele a la gente de Él mismo, de su voluntad
y de su relación con la gente. Dios mismo no ha escrito
la Biblia, personas la han escrito en su lugar como una tarea
asignada por Dios. Sin embargo, Dios ha estado con quienes la
escriben en la Tercera Persona, el Espíritu Santo. "Porque
nunca la profecía fue traída por voluntad humana,
sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo imspirados
poe el Espíritu Santo." (Pedro 2, 1:21).
La Biblia no fue escrita toda al mismo tiempo, ni siquiera durante
un período corto de tiempo; mejor dicho, ha venido a serlo
a través de los siglos y los milenios. Inicialmente era
solamente oral, se pasaba de una generación a otra; más
tarde recibió su forma escrita. Nadie puede leer la Biblia
original en su propia lengua materna, ya que nadie habla el hebreo
antiguo, ni el arameo ni el griego común en los que la
Biblia fue escrita originalmente. A través de la fe nosotros
podemos ver y admirar como Dios, en poder y amor, ha procurado
cuidadosamente que su mensaje sea preservado, a través
de los milenios y por medio de las traducciones, para el hombre.
Cuando entendemos esto, el valor y la unicidad de la Biblia se
iluminan para nosotros.
Debido a la forma de su nacimiento, la Biblia también tiene
un lado humano. Los santos, quienes han sido la boca o la pluma
de Dios, también fueron niños de su tiempo. Ellos
estaban atados a la vista del mundo y la cultura de sus tiempos.
Esto también se ve en la Biblia. Lo divino y lo humano
están tan entrelazados en la Biblia que no podemos, de
ninguna manera, separarlos. Debido a eso, toda la Biblia es la
Palabra de Dios para nosotros. Dentro de ella, Él se ha
revelado a si mismo, su amor y su voluntad hacia nosotros. "Oh
hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué
pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia,
y humillarte ante tu Dios." (Miqueas, 6:8).
Dado que la Biblia es la Palabra de Dios para nosotros, no podemos
estar de acuerdo con razonamientos o discursos con los cuales
las claras verdades de la Palabra de Dios son rechazadas diciendo:
"Esas son solo las palabras de Pablo", "Ya no es
más válido" o "Eso pertenece a la antigua
cultura semítica".
Por otra parte la Biblia no es un libro de ciencias naturales
o de astronomía, en cambio es un texto acerca de la salvación.
Jesús y la Biblia
Cuál fue la actitud de Jesús hacia la Biblia? Ya
durante su tiempo el Antiguo Testamento estaba en forma escrita.
Los evangelistas del Nuevo Testamento responden la pregunta.
Lucas nos dice del Jesús de doce años, quien ha
sido olvidado en el templo para discutir las Sagradas Escrituras
con los escribas: "Él escuchaba y preguntaba. Los
maestros se maravillaban de su conocimiento de la Palabra de Dios"
(Lucas 2:47). La respuesta de Jesús a sus padres es el
primer sermón de Jesús que se ha guardado para nosotros.
Allí hay algo profético que nos revela la casa de
Dios y la autoridad de la Palabra de Dios. Es también provechoso,
para nosotros, interesarnos en la Biblia y examinarla.
Cuando el Enemigo de las Almas lo tentó, (Mateo 4:1-11),
Jesús respondió a las tentaciones con las Palabras
de Dios. Para Él, eran de tal valor que no necesitaba discutir
en su apoyo o probar que eran correctas.
En su parábola del hombre rico y Lázaro, Jesús
pone al padre Abrahán a responder al hombre rico en su
tormento, "A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos."
(Lucas 16:29). A menos que un hombre crea las instrucciones la
Palabra de Dios, él no creería aún si alguien
se levantara de entre los muertos para enseñarle. La Biblia
nos lleva al camino de la salvación.
Jesús fue crítico de los escribas y de las reglas
tradicionales, que ellos compusieron para interpretar la Ley de
Moisés. Pero su criticismo nunca estuvo dirigido a las
Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento. Por lo tanto Él,
de cierta manera, en forma confusa exhorta a la gente a escuchar
a los escribas que se sientan en el asiento de Moisés o
que atienden el oficio de Moisés y de los profetas de enseñar
(Mateo 23:2).
Después de su resurrección, Jesús se le apareció
a sus discípulos en el camino a Emaús. El los reprendió
por que ellos no habían creído en los profetas que
habían profetizado de Él. Después Jesús
les explicó a ellos de Moisés y de todos los profetas.
Ejemplos muestran que la Biblia era la autoridad para Jesús,
quien a su vez era el corazón de la revelación de
Dios y su cumplimiento.
La Reforma y la Autoridad de la Biblia
En las discusiones y luchas de La Reforma, la autoridad de la
Biblia surgió como un asunto central. La razón para
esto fue que las decisiones del consejo de la iglesia, el pensamiento
de los profesores individuales y las tradiciones de la iglesia
habían marginado a la Biblia de su sitio original. La posición
de Lutero y de sus amigos se cristalizó en los principios
oficiales de La Reforma: "Nosotros creemos, enseñamos
y confesamos que las escrituras proféticas y apostólicas
del Antiguo y Nuevo Testamentos son la única regla y norma
de acuerdo a la cual todas las doctrinas y profesores, por igual,
deben ser evaluados y juzgados (Book of Concord, Instrucciones
para el Acuerdo).
La propia posición de Lutero aparece en su prefacio a la
Biblia alemana: "Nosotros debemos permitir que los profetas
y los apóstoles se sienten en el sitio del maestro y escuchar
a sus pies lo que ellos digan, nosotros no decimos lo que ellos
deben escuchar".
Posiciones del Cristianismo
El Laestadianism conservador ha deseado mantenerse en los principios
oficiales de La Reforma. La reunión anual de la junta directiva
de la misión se ocupó de este asunto en Tornio en
1909. La pregunta era: "Es correcto decir: 'sermones basados
en la Biblia y la congregación' o es suficiente decir:
'sermones basados en la Biblia?'" Dos turnos para hablar
se usaron en el asunto. En ellos la Palabra de Dios se colocó
por encima de todo lo demás. "Donde no hay una congregación
conforme a la Palabra de Dios, no hay reino de Dios. La Palabra
de Dios es la única base segura e infalible, sobre la cual
se construye la congregación." Como una base para
esto, las palabras de Jesús fueron recordadas: "El
cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán"
"Así como la Biblia fue suficiente para Jesús
dejemos que también sea suficiente para nosotros."
Esos dos turnos dieron las respuestas de la reunión a la
pregunta.
La siguiente ocasión en que el asunto fue traído
a colación, debido al criticismo exterior, fue en la reunión
de conferencistas de 1931. La respuesta fue breve y concisa: "Nosotros
siempre hemos enseñado que la Palabra de Dios, la Sagrada
Biblia, es el único principio director de nuestra doctrina
y nuestra vida."
Cristo es el Señor de la Biblia
La Biblia es un libro rico. Da ayuda y respuesta a muchos problemas
y preguntas. Por encima de todo es el mensaje de Cristo. Nuestra
doctrina Cristiana enseña: "El contenido principal
de la Biblia es el mensaje de Jesucristo y la salvación
que El ha preparado." Lutero escribe en un prefacio del Antiguo
Testamento: "Que más es el Nuevo Testamento si no
un sermón público y la revelación de Cristo,
dados en el Antiguo Testamento y realizados a través de
Cristo."
Pedro pudo, una vez, estar con Santiago y Juan en una montaña
(Mateo 17,18) para ver a Cristo transfigurado y escuchar la voz
del Señor diciendo: "Este es mi Hijo amado, en quien
tengo todas mis complacencias. Escuchadle." Cuando Pedro,
más tarde, recuerda este acontecimiento en su epístola
él no hace énfasis en el milagro ni en la experiencia,
sino que dice: "Tenemos también la palabra profética
más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos
como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el
día esclarezca y el lucero de la mañana salga en
vuestros corazones." (Pedro 2, 1:19).
Juhani Uljas
Traducido del Siionin Lähetyslehti, Enero de 1997