Marzo 1998 LA VOZ DE SIÓN

¿Cómo se ha enseñado?


La Congregación

La Comunión de los Santos

El Hombre, la Imagen de Dios



Y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo (Ef. 1:22, 23).


Finlandia es conocida por ser la tierra prometida de las asociaciones. En ninguna otra parte hay tantas asociaciones o sociedades como en nuestra tierra. Entonces no hay que asombrarse si muchos piensan que la congregación es cierta clase de sociedad fundada por personas, cuyos miembros piensan en la misma forma y tienen un conjunto común de valores. Sin embargo, la congregación no es esto; más bien es la congregación de
Dios, una parte de su plan de salvación.

La Congregación

Cuando Lutero describe la congregación, en su explicación del tercer artículo del credo en el catecismo grande, hubiera querido cambiar la expresión “comunión de los santos” por “asamblea de los santos”. La palabra griega original, ecclesia, indica una asamblea la cual representaría, más profundamente, la esencia de la congregación. La congregación es la asamblea de aquellas personas a quien el Espíritu Santo ha santificado.

Bendito, en el lenguaje de la Biblia, significa seleccionado por Dios. Los miembros de una congregación de Dios no están benditos por si mismos. Ellos no son santos; ellos sienten los efectos de la corrupción. Pero al llamarlos, y perdonarles sus pecados a través del evangelio predicado por el Espíritu Santo, Dios los ha separado a ellos del mundo y los ha consolidado en la unidad con Cristo para poseer su santidad. Pablo le escribe a los Romanos: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.” (Romanos 8:29,30).

La congregación de Dios no puede ser vista con ojos. Una vez los fariseos llegaron hasta Jesús y le preguntaron cuando vendría el reino de Dios. Jesús les respondió: “El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí que el reino de Dios está entre vosotros [Traducción finlandesa]” (Lucas 17:20,21). Jesús le dijo a
Nicodemo : “ De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3).

Lutero está de acuerdo con la Biblia y escribe en su prefacio a las Revelaciones: “Este artículo (del Credo), “Yo creo en la santa Iglesia Cristiana”, es un artículo de fe tanto como el resto. Por esto la razón natural no puede reconocerlo, aún si la razón utiliza todos sus anteojos. El demonio puede cubrirla con ofensas y divisiones, así que usted debe ofenderse por ello.”

La congregación del Dios Viviente puede ser vista solamente con fe, cuando el Espíritu Santo abre los ojos del corazón. Donde esto puede suceder, la visión ocurre como pasó con Juan: “ Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Revelaciones 21:2,3).

El Espíritu Santo Trabaja en la Congregación

En la porción larga del catecismo, mencionada arriba, Lutero enseña en esta forma: “El Espíritu Santo lleva a cabo nuestra santificación a través de lo siguiente: la comunión de los santos o la iglesia Cristiana, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.” El continúa algún tiempo después: “Este, entonces, es el artículo que debe
permanecer siempre en vigencia. La creación pasó y la redención se ha realizado, pero el Espíritu Santo lleva a cabo su trabajo, sin parar, hasta el último día. Para este propósito él ha nombrado una congregación en la tierra, a través de la cual él habla y con la cual él completa su trabajo, por que su recolección de Cristianos no ha llegado a un final ni él ha
cesado de administrar perdón. Por lo tanto, nosotros creemos en el Espíritu Santo, quien con la Palabra, diariamente, atrae la unidad de la congregación.

Antes de su sufrimiento y muerte, Cristo preparó a los suyos por el cambio que estaba delante de ellos. Él dijo, “por que si yo no me fuera, el consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad.” (Juan 16:7,13).Y es por eso que el Cristo resucitado le envía un mensaje a las congregaciones en el Asia Menor: “El que tiene oído, oíga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” (Revelaciones 2:7). Nosotros también preguntamos si Dios mantendría nuestros oídos abiertos para oir la voz del Espíritu Santo en su congregación, que no sería necesario decirnos como se les decía a los antiguos hebreos, “por cuanto os habéis hecho tardos para oír.” (Hebreos 5:11).

La Asociación de los Santos

La Biblia habla mucho de la asociación de los santos, la cual es realizada en la congregación. Pablo escribe de la congregación como el cuerpo de Cristo, “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular (1 Co. 12:27). Los miembros viven y actúan solamente en la unidad del cuerpo. Ellos no tienen una vida separada. “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él.” (1 Co. 12:26). Familiar y aún un recordatorio a nosotros es la parábola de Jesús de la vid y sus ramas. Las ramas tienen frutas solamente si permanecen prendidas al tronco (Juan 15:1-8).

Aunque Lutero hubiera, gustosamente, cambiado comunión a comunidad, él en ningún momento cuestionó que la congregación es la comunión de los santos. Cuando él se lo imaginó y su predominante unidad de espíritu en el gran catecismo, el escribió así: “Yo creo que hay en la tierra hay un pequeño rebaño sagrado o comunidad de santos puros bajo una cabeza, Cristo. Se convoca por el Espíritu Santo en una fe, mente, y entendimiento. Posee una diversidad de dones, sin embargo está unido en amor sin secta ni cisma de esta comunidad. Yo también soy una parte y miembro, un participante y copartícipe de todas las bendiciones que posee. Yo fui traído a él por el Espíritu Santo, y me incorporé a él por el hecho de yo escuché, y aún escucho, la Palabra de Dios.

La comunión de los santos es comunión en espíritu y amor. Sobre todo es unidad a Cristo. Esto ya es realizado aquí en el medio de una congregación luchando, pero no conoce fronteras en el tiempo por que las traspasa. Cuando leemos de personas en la Biblia, es fácil para nosotros identificarnos con ellos. Sus experiencias y esfuerzos fueron como los nuestros. Esto se hace especialmente claro en la Epístola a los hebreos, la cual muestra a la congregación en un viaje como la gente de Dios. Parte de ella ha llegado a su destino y parte está aún en el viaje. Aquellos que han alcanzado la gloria nos apoyan con su ejemplo de que nosotros no deberíamos cansarnos. “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.” (He. 12:1)

Juhani Uljas
Siionin Lähetyslehti, 3/97