Octubre 1998 LA VOZ DE SIÓN
¿Cómo se ha enseñado?
Comunión
El Segundo Sacramento del Nuevo Testamento
Nosotros tenemos dos sacramentos, bautizo y comunión. Ambos
han sido dados para fortalecer nuestra débil fe y apoyarnos
en nuestra tentativa de fe. El bautizo ocurre solamente una vez.
Si alguien se aleja del pacto bautismal y se va al mundo, él
no necesita ser bautizado de nuevo cuando recibe la gracia del
regreso y el arrepentimiento.
La comunión, por otra parte, está prometida para
ser disfrutada más a menudo. Al establecer la comunión
Jesús dijo: Así, pues, todas las veces que
comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor
anunciáis hasta que él venga. (1 Co. 11:26).
La comunión fue parte de la vida de las congregaciones
del Nuevo Testamento desde sus comienzos. Lucas describe la vida
en una de las primeras congregaciones, después del primer
Pentecostés, de esta manera: Y preservaban en la
doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con
otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
(Hch. 2:42). Al comienzo ellos se reunían, cada día,
para una comida, después solamente en el primer día
de la semana, y más tarde no tan frecuentemente. Nosotros
no debemos poner guías en que tan frecuentemente uno debe
participar de ella, pero las palabras tan a menudo
refuerzan el gran significado de la comunión.
Lutero enseña: Cristo desea decir claramente: Yo
instituyo para ustedes un festival de Pascua o cena, de la cual
ustedes deben tomar parte, no solo en esta tarde una vez al año,
sino que ustedes deben disfrutarla frecuentemente, cuando y donde
ustedes elijan, de acuerdo con la oportunidad y necesidad de cada
uno, y no estando atados a un lugar o tiempo definido. Así
que ustedes ven, no se garantiza libertad para tratar el sacramento
con
desprecio. Para prescindir del sacramento sin un obstáculo
positivo, por un largo tiempo, para no sentir deseo por ella
eso yo lo llamo tratar la Cena del Señor con desprecio
(Gran Catecismo de Lutero 47 49).
La Pascua del Antiguo Testamento y la Comunión
Los hijos de Israel se estaban preparando para dejar Egipto hacia
esa tierra, que el Señor le había prometido a sus
padres. Antes de su partida ellos comieron la cena de Pascua siguiendo
las direcciones del Señor (Exodo12).
Un cordero primal sin mancha, se mató y se asó con
fuego. La sangre del cordero se pintó en las puertas, ya
que cuando los israelitas estaban comiendo su cena de Pascua,
el Señor castigó a los egipcios hiriendo a todos
sus primogénitos. Cuando el destructor vio las marcas de
sangre en las puertas no se detuvo. Preparados para el viaje,
la gente comió el cordero pascual, y cuando terminaron
la comida ellos salieron para el viaje.
Ningún desconocido podía comer del cordero pascual.
Esta comida no se ingirió solamente en esa histórica
noche de partida, sino que el Señor ordenó que la
cena de Pascua fuera comida cada año, también después
de que ellos hubieran llegado a la tierra prometida. Guardaréis
esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre.
Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará,
como prometió, guardaréis este rito. Y cuando os
dijeren vuestros hijos: Qué es este rito vuestro?, vosotros
responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová,
el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel
en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró
nuestras casas (Ex. 12:24-27).
Cuando Jesús llegó a Jerusalén, con sus discípulos,
para el banquete de Pascua, en la época cuando Él
sufriría y moriría, ellos comieron la comida de
Pascua como el Señor lo había ordenado. Jesús
le dio a la comida del Antiguo Testamento un nuevo significado.
Él fue el cordero pascual. Su sangre, que fue derramada
para el perdón de los pecados, hizo que el destructor se
retirara. Él fue el pan de vida (Juan 6:51). La Palabra
del Señor Jesús, se unieron a los componentes visibles
de la cena, el pan y el vino, y el nuevo pacto del sacramento
nació.
La parte en el Evangelio de Juan (6:51) como tal no habla de comunión.
Lutero ha escrito una nota en el margen de su propia Biblia esta
parte no habla del sacramento, el pan y el vino sino de comida
espiritual, el cual es creer, que Cristo Dios y hombre
ha derramado su sangre por nosotros.
Los Evangelios sinópticos del Nuevo Testamento (Mateo 26:19-21,
25-29, Marcos 14:22-24, Lucas 22:14-20) consistentemente dicen
de la institución de la comunión. Las diferencias
en detalles enfatizan el significado de las diferentes partes
de la comunión. Juan no relata de la comunión siendo
establecida, sino que en su lugar el lavatorio de pies que la
precedió (Juan 13:1-17). Pablo habla de Cristo como el
cordero pascual que fue sacrificado en vez de nosotros (1 Co.
5:7) y de la comunión del Nuevo Testamento (1 Co. 10,11)
como lo hacen Mateo, Marcos y Lucas. En adición el exhorta
a los corintios a tratar ellos mismos, que ellos serían
aceptables, no inaceptables, invitados de la comunión.
La Comunión Es una Comida de Conmemoración
Al relatar la institución de la comunión, ambos,
Lucas y Pablo mencionan que Jesús dijo: Haced esto
en conmemoración mía. Al comer la comida de
Pascua del Antiguo Testamento, los hijos de Israel recordaban
el ser liberados de Egipto. En la comunión nosotros recordamos
a Cristo, nuestro cordero pascual, quien dio su vida y derramó
su sangre por nuestros pecados y los pecados del mundo entero.
Como creyentes nosotros podemos comer el cuerpo de Cristo y beber
su sangre, en la comunión, siendo así participantes
de su trabajo de expiación. Aunque nosotros no comprendemos,
completamente, el misterio de la comunión, nosotros, sin
embargo, sentimos la presencia de
Cristo y el poder de su gracia en la mesa de la comunión.
La comunión fortalece nuestra fe y lleva nuestra vista
a esa tierra, que el Señor Jesús ha prometido, y
preparado, para los suyos.
Quién Es un Huésped Aceptable para la Comunión?
Esto fue preguntado el último otoño, cuando en una
tarde juvenil, en Vaasa, nosotros discutimos los sacramentos.
Como era de esperar, ya que la comunión es sagrada, y la
Palabra de Dios nos exhorta a tratar nosotros mismos, que nosotros
no seríamos invitados indignos a la comunión, que
disfrutan el sacramento del altar para su propia condenación.
El pequeño catecismo responde la pregunta así: Pero
es realmente valioso, y bien preparado, quien tiene fe en estas
palabras: dado y derramado por usted, para la remisión
de los pecados. Pero aquel que no cree en estas palabras,
o quien duda, es indigno e incapaz, por que las palabras para
usted requieren corazones verdaderamente creyentes.
Lutero confirma esto, brevemente, en el gran catecismo:
Pero aquel que no cree no tiene nada (V:35). Al considerar
la pregunta de aceptabilidad, él separa a aquellos que
se han endurecido y toman parte de la comunión pensando
que como un acto comprometido trae una bendición, y a aquellos
que entienden el significado y el valor de la comunión,
pero son temerosos, sintiendo su propia pecaminosidad e inaceptabilidad
ante la santidad de Dios. A estos últimos Lutero les dice:
La gente con estos temores debe aprender que es la mayor
sabiduría caer en cuenta que este sacramento no depende
de nuestro merecimiento (V:61).
Los creyentes sienten una santa timidez cuando van a la comunión.
Ellos ruegan por el perdón para cada uno. En los hogares,
los padres piden perdón para cada uno y para sus hijos,
cuando ellos han herido y ofendido a otros y, de la misma forma
los niños piden por sus padres y por cada uno. Yo también
me he dado cuenta que, en la fila de la comunión durante
los grandes servicios del verano, muchos llevan el asunto a un
padre confesor. Nosotros hemos sido guiados a este uso por la
narrativa de Juan, que antes de la primera comunión Jesús
les lavó los pies de los discípulos (Juan 13) y
por la enseñanza de Jesús: Por tanto, si traes
tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano
tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del
altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces
ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario
pronto, entre tanto que estás con él en el camino
(Mt. 5:23-25).
Juhani Uljas
Traducido del Siionin Lähetyslehti número 9, 1997