Septiembre 2000 LA VOZ DE SIÓN

¿Cómo se ha enseñado?


La Ley y Sus Dos Funciones


Introducciones


Dios dio su ley a la nación de Israel (Éxodo 20), en la que Él revelaba su voluntad a la gente. El quebrantamiento de la ley traía una maldición y su observación traía una bendición. La voluntad de Dios no era extraña al hombre antes de esto, ya que Dios la había grabado en el corazón del hombre durante la Creación (Ro. 2:14-16), pero la voluntad del hombre caído tendía hacia el mal y él era incapaz de satisfacer la voluntad de Dios. El hombre deseó olvidar la voz de Dios. Moisés talló la Ley en dos tabletas de piedra en tal forma que la voluntad de Dios no fuera olvidada.

La Biblia usa la palabra “ley” en varios sentidos. Además de la Ley de los Diez Mandamientos, la Ley se refiere a los Libros de Moisés en el Antiguo Testamento. Ellos también contienen las ordenanzas de la Ley, que son sociales en naturaleza. De igual manera, las instrucciones para los servicios divinos del Antiguo Testamento pueden encontrarse en ellas. Algunas veces la palabra Ley, en el Antiguo Testamento, significa la Palabra de Dios escrita.

El interrogante en lo que se refiere al deber y función de la Ley fue una parte de las admirables discusiones en el tiempo de la Reforma. En las discusiones, ellos no solo peleaban contra las doctrinas equivocadas de la Iglesia Católica, sino que ellos resolvieron disputas que se habían presentado entre los Luteranos. Los resultados se reservaron para el último de los libros confesionales, La Fórmula de Concordia.

Al comienzo del Artículo VI del documento, se dice que: “La Ley de Dios sirve (1) no solo para mantener la disciplina externa y la decencia contra las personas disolutas y desobedientes, y (2) llevar a la gente al conocimiento de su pecado a través de la Ley, pero aquellos que han nacido de nuevo a través del Espíritu Santo, que se han convertido al Señor y de quienes se ha quitado el velo de Moisés, aprenden de la Ley a vivir y caminar en la Ley. Una controversia se ha creado entre unos cuantos teólogos, en relación con esta tercera y última función de la Ley.” Esta disputa se refiere a las diferencias que se han formado con los antinomianos. Los antinomianos enseñaron que la Ley no tenía nada que ver con la vida de un cristiano. Ellos aprobaron solamente el primer uso de la Ley. Su enseñanza fue sorprendentemente similar a la del polarizmo (Pollarism) ,y a otras enseñanzas extremistas de la libertad de la carne y permisividad de pecado durante nuestro tiempo de visitación.

La cristiandad ha aprobado, sin ninguna reserva, las primeras dos funciones que fueron mencionadas. Sin embargo no ha aprobado la tercera función de la Ley.

La Primera Función de la Ley

Nosotros confirmamos previamente que la Ley del Antiguo Testamento también contenía aspectos sociales. La Ley de los Diez Mandamientos fue la base para ellos. No se había dado para revelar la voluntad de Dios solamente, sino también para proteger al hombre.

Los Hijos de Dios vieron la sociedad y el gobierno temporal como pertenecientes al orden de Dios. Por esa razón, sus vidas incluyen la obediencia a la Ley. Ellos están de acuerdo con la primera función de la ley. Ellos están apoyados en esto por la explicación simple de la Palabra de Dios, “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por eso pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Ro. 13:1-7).

La primera función de la Ley está contenida en las enseñanzas de Lutero, acerca de dos regímenes o autoridades gubernamentales. Lutero escribe, “Dios ha establecido dos tipos de gobiernos entre la gente, una por su Palabra y sin la espada. Este es el gobierno espiritual, y con su ayuda, la gente puede llegar a ser devota y justa, así que por esta rectitud ellos alcanzarán la vida eterna. Él cuida esta rectitud con su Palabra, la cual Él ha confiado al cuidado de los predicadores. El segundo gobierno es terrenal, y está basado en la espada, así que aquellos que no quieren llegar a ser devotos y justos, para la vida eterna, con la ayuda de su Palabra, son forzados a llegar a ser devotos ante el mundo. Él mantiene válida esta rectitud con la espada. Y, aunque Él no intenta recompensarlo con la vida eterna, Él aún desea que permanezca válida para que la paz se mantenga entre la gente, y él la recompensará con un bien temporal” (Pueden los Soldados También Estar Entre los Benditos?). Esos dos gobiernos no pueden mezclarse uno con otro ni pueden ellos unirse.

La primera función de la Ley lleva a la rectitud social. Dentro de ella, los cristianos también están “bajo la Ley”, no por miedo al castigo sino por una buena conciencia. La rectitud social puede ser separada, claramente, de la rectitud por la fe. Aún la persona más obediente de la ley, ejemplar, es un pecador y sin Dios, si el no gana el mérito de Cristo a través de la fe.

La Segunda Función de la Ley

La Ley también incluye una promesa: Aquel que la cumple deberá vivir por ella. La caída en el pecado corrompió al hombre hasta el grado que el no pudo cumplir la Ley. El Apóstol Pablo dice: “Porque lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne, Dios (cumplió)” (Ro. 8:3). El pecado cerró el camino a la vida eterna, pero no invalidó la voluntad de Dios. La Ley está, aún, en efecto. El deber de la Ley permaneció para mostrar, a cada persona, ser un pecador. Lutero dice que la Ley es como un sabueso, que guía a un pecador a Cristo.

El Apóstol Pablo revela la segunda función de la Ley en esta manera, “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Ro. 3:20). Nosotros predicamos la Palabra con dos filos (Hebreos 4:12), así que el filo de la Ley despertará el conocimiento del pecado en el escucha descreído. La primera parte del arrepentimiento es el conocimiento del pecado y la contrición. Solamente un pecador necesita gracia, la cual se le ofrece a él con la predicación del evangelio. Sin un conocimiento del pecado, despertado por la Ley, y la contrición, el evangelio, cuando es recibido, no conducirá al mejoramiento de sus vidas. Ellos no llegan a ser “imitadores de nosotros y del Señor (1Ts. 1:6).

La Tercera Función de la Ley

La Ley y las formas en que es usada se ha discutido en la esfera de la cristiandad. La divergencia de opinión se ha presentado en relación con la tercera función de la Ley. Esto fue un tema central de argumento durante la batalla con los Nuevos Despertadores (New Awakenist) al comienzo de este siglo. También, cuando el Small Firstborn partió, la tercera función de la Ley fue una causa de diferencias, aunque menos acalorado.

La cristiandad ha sido incapaz de aprobar la Tercera Función de la Ley en la Fórmula de Concordia. El Apóstol Pablo dice en su epístola a los Gálatas, “De manera que la ley ha sido nuestro maestro, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo maestro” (Gá. 3:24,25). De acuerdo con los principios formales de la Reforma, la enseñanza de la Escritura, la Palabra Sagrada de Dios, se ha elevado por encima de los libros confesionarios.

La Ley del Espíritu

El Apóstol Pablo escribe: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado del pecado y de la muerte” (Ro. 8:1,2).

Sin embargo, el rechazo de la tercera función de la Ley no ha llevado a los hijos de Dios a la permisividad del pecado. Nosotros hemos recibido otro maestro en vez de la Ley. Dios nos ha dado su Espíritu como un maestro en el hogar (romanos 6:14-18; Gálatas 2:19-21; Gálatas 5:13). En lugar de la Ley, la gracia de Dios conduciendo a la salvación ha venido para guiarnos. “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11,12).

La gracia de Dios guiando a la salvación no le enseña a uno a cometer pecado, pero da fuerza para luchar contra él. Ni la gracia enseña en forma diferente de la Ley de los Diez Mandamientos sino que enseña de acuerdo con ella. El juicio y maldición de la Ley han sido removidos desde que Cristo ha cumplido la Ley.

Los apóstoles escribieron muchas palabras de instrucción, enseñanza y advertencia. Nosotros necesitamos las palabras, tanto como ellos lo hicieron en sus días, para quienes las palabras fueron escritas. Sin embargo, las instrucciones no son ley, pero instrucciones tiernas como una parte del evangelio. El Apóstol Pablo le dice a los Romanos, “ Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1).

Guiados por la gracia que lleva a la salvación, nosotros caminamos en la luz. La brillante luz de la cara de Cristo, brilla como la luz de la conciencia (2 Corintios 4:4,6). En esa luz, aún el mejor esfuerzo no gana méritos. La propia seguridad permanece en el perdón de los pecados en el mérito de Cristo.

Juhani Uljas