Enero 1999 LA VOZ DE SIÓN

¿Cómo se ha enseñado?


El Matrimonio



Los conceptos de la cristiandad, del matrimonio y la familia, basados en las Escrituras, se han preservado sin cambios, aunque el valor del matrimonio, en el mundo, se ha colapsado. Una persona en busca del placer, buscando su propio interés, se está levantando en lugar de la persona responsable. Vivimos en el medio de este mundo, y el criticismo contra la Palabra de Dios encuentra un eco en nuestros corazones, los cuales están corrompidos por la caída en el pecado. Muchos se preguntan: “Verdaderamente, ha dicho Dios esto?”

Con buen motivo se ha hablado mucho, últimamente, del matrimonio y la familia: en las reuniones cristianas, tanto, que escribir respecto a esto parece difícil. Parece que todo lo necesario ya se ha dicho. Sin embargo, yo escribo debido a la importancia del tema, recordando las palabras de Pablo a los filipenses: “A mí no me molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro” (Fil. 3:1).

Dios Instituyó el Matrimonio

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos y llenad la tierra” (Gn. 1:27,28). En la misma relación, la Biblia habla de Dios creando al hombre a su propia imagen así como creando al hombre y a la mujer. Ambos son hechos básicos de la existencia humana. Nosotros somos responsables ante Dios y somos creados para vivir en unión el uno con el otro. Esta unión se realiza, más profundamente, entre esposos. La narrativa de la creación ilustra esto: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y ellos serán una sola carne” (Génesis
2:18-24).

Ambas, las uniones físicas y espirituales pertenecen a la unión entre hombre y esposa. La mujer fue creada como una ayuda idónea para el hombre (Génesis 2:18). La palabra para esa ayuda, en el idioma hebreo, significa “ayuda que existe en el otro”. Así los esposos son iguales y pueden mirarse, el uno al otro, como examinándose a si mismos en un espejo. Su vida junta contiene toda las riquezas de la vida. Debido a la caída en el pecado, nunca pudo realizarse en la forma descrita en la narración de la creación. Por lo tanto, el evangelio que es el mayor tesoro y fuente de vigor, es necesitado en el hogar creyente.

El Matrimonio Es Para Toda la Vida

Los fariseos llegaron a Jesús para discutir acerca del divorcio y referirse a Moisés, quien había permitido al hombre dar carta de divorcio y rechazar a su esposa (Deuteronomio 24:1). Entonces Jesús les contestó: “Qué les ordenó Moisés a ustedes? Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla. Y respondió Jesús y les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento: pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer; y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. En casa volvieron los discípulos a preguntarle lo mismo, y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio” (Mr. 10:3-12).

Lutero se ocupó del pecado del adulterio en su escrito sobre la vida matrimonial e indicó que es un pecado hasta la muerte; de acuerdo a ley de Moisés, el adúltero debe ser lapidado (Levítico 20:10). Sin embargo Jesús no consintió la lapidación del adúltero (Juan 8:3-11). El perdón era más grande que la ley.

Veinte años atrás, el divorcio fue discutido en detalle en la reunión de oradores. Entonces se observó que, de acuerdo con el Evangelio de San Marcos, el matrimonio es para toda la vida: lo que Dios ha unido que el hombre no lo separe. La posición no disminuyó la seriedad del pecado de adulterio, sino que dio la posibilidad de penitencia y perdón al pecador.

Pensamientos de Lutero Acerca del Matrimonio

Lutero no consideró el matrimonio como un sacramento como hizo la Iglesia Católica. El batalló contra el celibato de los sacerdotes y consideró las promesas de los monjes y las monjas contrarios a los deseos de Dios.

En su escrito, El Estado del Matrimonio, él dijo: “Por esta palabra que Dios habla, ‘Fructificad y multiplicaos’ no es una orden. Es más que una orden, mejor dicho, un decreto divino de la cual no es nuestra prerrogativa estorbar o ignorar. En cambio, es justamente tan necesario como el hecho de que yo soy un hombre, y más necesario que dormir y despertar, comer y beber. Es la naturaleza.” El continúa después: “El mundo dice del matrimonio: Una corta alegría un largo arrepentimiento. Pero que digan lo que quieran: lo que Dios crea y desea es para él (el mundo) una razón para burlas.”

Salomón dijo: “El que halla esposa halla el bien” (Pr. 18:22). Aquellos que lo entienden, creen firmemente, que Dios ha establecido el matrimonio, colocado al hombre y a la mujer juntos, y ordenado el nacimiento y el cuidado de hijos. Ellos tienen la Palabra de Dios para apoyar esto (Génesis 1:28).

Lutero explica el sexto mandamiento en el Gran Catecismo. El escribe: ”pero ya que se pide aquí atención particular al estado matrimonial, déjennos notar primero como Dios honra y recomienda, especialmente, la vida conyugal, ya que él la confirma y la protege con un mandato especial”. En el cuarto mandamiento, él la confirma diciendo: “Honrar a padre y madre.” Pero aquí, como dije, él la preserva y la protege. Entonces él requiere que nosotros la honremos, la guardemos y la observemos como un estado divino y bendito. Significativamente él lo estableció como el primero de todas las instituciones, y teniendo esto presente él no creó al hombre y a la mujer iguales. El propósito de Dios, como es evidente, no fue que ellos debieran vivir una vida de maldad, pero que ellos debían ser leales el uno al otro, engendrar hijos y alimentarlos y criarlos para su gloria.”

Vida Diaria del Matrimonio

La habilidad para vivir juntos, en el matrimonio, se aprende a lo largo de la vida. Porque el egoísmo es parte de nuestra naturaleza, no es razonable que dos personas diferentes se adaptarán inmediatamente a “vivir como una sola carne”. Cuando las discusiones levantan su cabeza y las dificultades vienen, uno olvida lo que una vez se prometió “ante Dios y su congregación.”

Quién está al mando? Esta es justamente una pregunta tan vana y equivocada como la que uno de los discípulos presentó: “quien es el más grande.” Pablo instruye a las esposas: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Ef. 5:22). Y maridos: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Jesús le dijo a sus discípulos, discutiendo acerca de sus posiciones: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Marcos 10:45). Nosotros no podemos hacer un modelo que sirva a cada matrimonio, pero la estructura para vivir en el hogar está determinado por las debilidades y fortalezas de sus miembros. El primer asunto es que nosotros competimos en honor, prefiriendo uno al otro (Romanos 12:10).

La marca de la familia creyente ha llegado a ser su gran número de hijos. Quizá nada más, conectado con nuestras vidas o enseñanzas, es notado más por el exterior. Las presiones más fuertes, del mundo, se experimentan en este frente de batalla. La Biblia no nos aconseja practicar el control de natalidad, sino en cambio considera a los hijos como regalos del Señor. Cuando Dios creó a la gente como hombre y esposa él dijo: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra” (Gn. 1:28). El entendimiento mutuo de este asunto se basa en esto. Nosotros pensamos como hizo Lutero: “Yo creo que Dios me ha hecho a mí y todas las otras criaturas.” Los hijos traen problemas y trabajos a la familia, pero ellos también traen la rica bendición de Dios. La vida sabe como vida cuando ella incluye la satisfacción prometida de Dios.

Este Es un Gran Misterio

Al darle instrucciones a los esposos, Pablo mostró la narración de la creación, a la cual nosotros ya nos hemos referido y, dijo algo sorprendente: “Grande es este misterio; más yo digo esto respecto de Cristo y la iglesia” (Ef. 5:32). Obviamente la pregunta es de esto, esa parte de la narrativa de la creación literalmente significa matrimonio, pero también ilustra la unidad de Cristo y la congregación. Cristo es la cabeza de la congregación y la congregación es el cuerpo de Cristo. El significado oculto le da al matrimonio una santidad y valor especiales. Une a los esposos más cercanamente que antes y trae el evangelio de la gloria de Cristo a las tentaciones y problemas de cada día. Hay una fuente abierta contra el pecado y la deshonra en un hogar creyente: es el reino de Dios en un tamaño miniatura y es una parte de la gran familia de Dios.

Juhani Uljas
Siionin Lähetyslehti,
Número 11, 1997