Mayo 1998 LA VOZ DE SIÓN

¿Cómo se ha enseñado?


La Oficina de Predicación

Dios Ha Establecido la Oficina de Predicación


El pecado es un asunto serio. El separó al hombre de su creador y de la vida eterna. El hombre se volvió incapaz de hacer aquello que es correcto. Debido a su amor, Dios ha llegado al hombre en Cristo, su Hijo, y reconcilia al hombre caído que él podría recibir la posibilidad de la vida eterna. La Biblia dice que sin derrame de sangre no hay remisión (Levítico 17:11, Hebreos 9:22). Los sacrificios del Antiguo Testamento también testifican de
esto. Como una inocente ofrenda ante el Padre (Génesis 22:8), Cristo da su vida en la cruz y la lanza del soldado romano perfora su costado, de donde sale a borbollones la sangre de la expiación sagrada. La sangre no fluyó sobre la roca del Gólgota para luego evaporarse, en cambio fue depositada en el sermón de la reconciliación, el cual Dios ordenó para su congregación. Con ese sermón la expiación consumada necesitaba hacerse conocer de todos aquellos, quienes eran el objeto de la redención.

“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” (2 Corintios 5:18,19).

La oficina de predicación y su expiación proclamada, el evangelio del perdón de los pecados, son ordenados por Dios y una parte de su plan de salvación.

La Oficina de Predicación Ha Sido Confiada a la Gente

Ha sido difícil, para la gente, aceptar que Dios le ha dado la predicación del sermón de reconciliación, como un deber, al hombre. Cuando Jesús predicó el perdón de los pecados al hombre enfermo de parálisis, los escribas estaban furiosos y pensaron: “Él blasfema a Dios” (Marcos 2:5-7, Mateo 9:2,3, Lucas 5:20,21). Cuando los fuegos del despertar, al final de 1800, se esparcieron como un incendio en la hierba en toda nuestra tierra (Finlandia), la razón principal para la resistencia y el criticismo fue la proclamación incondicional del evangelio. Por su parte Lutero escribe:

“Aquí tenemos el verdadero significado de las llaves. Ellas son una oficina, un poder o una orden dada por Dios, a través de Cristo, a toda la cristiandad para la retención y remisión de los pecados de los hombres. – Las multitudes glorificaron a Dios, que había dado tal potestad a los hombres” (Mateo 9:8). “No te permitas a ti mismo descarriarte por el por este fariseo hablador con quien algunos se engañan a si mismos diciendo, ‘Como puede un hombre perdonar los pecados cuando el no puede ofrecer ni la gracia ni el Espíritu Santo?’ Confía en las palabras de Cristo y confía en que Dios perdona los pecados en no otra forma que a través de la Palabra hablada, en la forma que Él lo ha ordenado por nosotros. Si usted no busca el perdón a través de la Palabra, usted mirará hacia el cielo, en busca de
gracia, en vano o (como dicen ellos) por un sentido de perdón interno.” (De las Llaves 1530)

La Oficina de Predicación es una Oficina del Espíritu Santo

La oficina de predicación no está atada a nada visible, por ejemplo a los sacramentos. Un examen o una prueba de competencia no se exige a su poseedor como se exige al poseedor de una oficina externa sacerdotal. Sin embargo, tiene sus propias condiciones cualificadoras. Pablo las expresa así: “El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” (2 Co. 3:6). “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido.” (2 Co. 4:1).

El Espíritu Santo mora en el corazón del pecador perdonado y autoriza uno, sin consideración de educación, edad o sexo, como celador de su propia oficina. Esto también está en duda, cuando el Cristo Resucitado dio su propio poder de perdonar pecados. Él aparece en medio de los suyos, a través de puertas cerradas, trae saludos de paz, muestra sus manos agujereadas y su costado abierto, de donde fluyó la sangre que apagó la ira del justo Dios y trajo la paz, y dice: “Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así yo os envío. Y habiendo dicho esto sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Jn. 20:21-23).

La Oficina de Predicación Construye la Unica Congregación de Cristo

En los Hechos de los Apóstoles se relata como los discípulos fueron a realizar la misión que Cristo les había dado a ellos en la tarde de la Pascua y había renovado antes de su ascensión al cielo. Cuando la promesa de la venida del Espíritu Santo se había cumplido, los apóstoles predicaron el evangelio de la Resurrección de Cristo a la gente reunida. Dios bendijo sus sermones y un gran número creyó. Lucas termina su descripción del primer
servicio de Pentecostés: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvados.”(Hch. 2:47).

La oficina de predicación reúne a aquellos que creen el evangelio en la unidad de la congregación de Dios. A través de ella el Espíritu Santo construye la iglesia de Cristo. Cuando una persona recibe la gracia de un nuevo nacimiento, el Espíritu Santo no lo deja huérfano y separado, sino que lo junta como un miembro viviente al cuerpo de Cristo.

Tampoco, nadie puede tomar el sermón de la reconciliación y usarlo fuera de la congregación de Dios. Las palabras, y la forma hacia fuera de la proclamación, seguramente, pueden ser copiadas pero no el poder. Entre otras cosas, Lutero dice de la oficina de predicación y de la unidad de la congregación gobernada por el Espíritu Santo de la siguiente forma: “La Palabra de Dios no existe sin la congregación, ni la congregación sin la Palabra de Dios.” Al decir esto Lutero no habla de la Palabra de Dios escrita, la Biblia, sino de la Palabra de Dios predicada.

Lutero condensa su comprensión de la congregación en esta forma: “Pero el significado y la substancia de la cláusula es: Yo creo que hay sobre la tierra un pequeño rebaño sagrado, una asamblea sagrada de puros santos bajo una cabeza, Cristo. Ellos son convocados por el Espíritu Santo en una fe, una mente y un entendimiento. Ellos poseen muchos dones pero son uno en amor y sin secta o división. De esta asamblea yo también soy una parte, y un participante y propietario de sus bendiciones” (Gran Catecismo, Explicación del Tercer Artículo del Credo).

Esto es también difícil, quizá totalmente imposible, para el razonamiento humano el aceptar que Jesús no le dijo en vano a Nicodemo: “Que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3). El misterio del reino de Dios, y sus maravillas, solamente se abren cuando nosotros podemos creer, personalmente, el sermón de la reconciliación y a través de la fe ver como construye la congregación de Dios como una parte del plan de salvación de Dios. Así que es de gran importancia que nosotros creamos en el evangelio, cuando se nos ofrece a través de la oficina del Espíritu Santo.

Juhani Uljas
Traducido del Siionin Lähetyslehti, 4/97