Julio 1998 LA VOZ DE SIÓN

¿Cómo se ha enseñado?


Qué Es un Sacramento?


La palabra sacramento no se encuentra en la Biblia finlandesa. Sin embargo, “sacramento” está profundamente basado en la Biblia. En la Biblia latina, la palabra sacramentum corresponde (por ejemplo en Ef. 5:32) con la palabra mysterion – misterio – en la Biblia griega. Misterio está conectado con sacramento, el misterio de la fe. Nosotros no podemos entender esto hasta sus profundidades, sino considerarlo con la timidez y humildad de un niño ya que Dios lo ordenó.

La doctrina cristiana habla de los instrumentos de la gracia, de la Palabra y de los sacramentos. Hay dos extremos a la Palabra de Dios, la Ley y el Evangelio (He. 4:12). La tarea de la Ley es despertar a la persona para que vea su condición. El evangelio despierta la fe y concede el perdón de los pecados al penitente (1 P. 1:23-25). Dios ha dado los sacramentos a aquellos que han sido llevados a la fe como un apoyo a su esfuerzo.

La doctrina cristiana define los sacramentos como sigue: “los sacramentos son los actos sagrados de las congregaciones, los cuales Jesucristo mismo estableció. Cristo mismo está presente en ellos y se distribuye a nosotros, por materiales visibles, su gracia. En el sacramento, la Palabra de Dios se junta con el visible – ese que puede tocarse con la mano, para que podamos convencernos, una y otra vez, de que tan real es hacia nosotros la gracia de Dios.”

Los Sacramentos son Signos Dados por Dios

La Confesión de Augsburg nos enseña el uso de los sacramentos como sigue: “Nuestras iglesias enseñan que los sacramentos fueron instituidos no solamente para ser señales de profesión entre los hombres, sino especialmente para ser signos y testimonios de la voluntad de Dios hacia nosotros, con la intención de despertar y confirmar la fe en aquellos que los usan. En consecuencia los sacramentos deben usarse en tal forma que la fe, que cree las promesas que son presentadas y ofrecidas, es añadida” (Confesión de Augsburg XIII). El sacramento tiene que ver con el convenio que Dios hizo con el hombre en el Antiguo y en el Nuevo Testamentos y la promesa que Él hizo en conexión con eso. Dios ha colocado los sacramentos como un signo para recordar la promesa. La fe se aferra a la promesa de
Dios; el sacramento apoya y refuerza la fe.

Hay Dos Sacramentos

La iglesia Católica Romana tiene siete sacramentos. Durante el periodo de transición de la Reforma, también surgió la discusión sobre el número de sacramentos. La posición de Lutero y sus amigos estaba basada en esto, que los sacramentos son actos y que estaban fundados en el comando de Dios. La Apología de la Confesión de Augsburg (XIII:4) revela el asunto como sigue: “Los genuinos sacramentos, entonces, son el Bautismo, la Cena del Señor y la absolución, el cual es el sacramento de la penitencia.” La absolución se dejó fuera de los sacramentos por que ahí la promesa de Dios no estaba ligada a materiales
visibles sino al Espíritu Santo. No le dijo Cristo Resucitado a sus discípulos: “ Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.” (Juan 20:22,23). Los sacramentos no han sido establecidos por los hombres o por la iglesia sino por Dios.

En la Cristiandad siempre se ha entendido, de acuerdo con la Confesión de Augsburg (VIII:1) que el valor o efecto del sacramento no depende del estado mental o la fe del de quien lo realiza, ya que en ellos (los sacramentos) Dios a juntado Su Palabra a lo visible y no si quienes los realizan tienen el Espíritu Santo o no.

El Uso Correcto de los Sacramentos

En 1520 Lutero escribió el libro La Iglesia en el Cautiverio de Babilonia. En el, él dirigió su criticismo contra la doctrina del sacramento de la iglesia católica. Con el nombre del libro él quería mostrar la iglesia de Cristo caída en “el cautiverio de Babilonia” por su doctrina equivocada de los sacramentos.

Entre otros asuntos, nosotros encontramos allí que: “Los sacramentos, por el contrario, no se completan cuando ellos se están realizando sino cuando se cree en ellos. No puede ser cierto, por lo tanto, que se encuentre en los sacramentos un poder eficaz para la justificación o que ellos son ‘signos efectivos’ de la gracia. Todas estas cosas son dichas hacia el detrimento de la fe y por la ignorancia de la promesa divina. A menos usted debe llamarlos ‘efectivos’ en el sentido que ellos, cierta y efectivamente, imparten gracia donde la fe está presente de modo inconfundible. Pero no es en este sentido que ahora eficacia es atribuida a ello; como lo atestigua el hecho que se dice que ellos benefician a todos los hombres, inclusive a los malvados y a los no creyentes, siempre y cuando ellos no suministren resistencia real – como si tal incredulidad no fuera en si misma la más obstinada, la más hostil, de todos los obstáculos a la gracia.”

Cristo dijo: “Aquel que es creyente y está bautizado debe salvarse; pero aquel que no cree debe ser condenado.” Así él nos muestra en esta palabra que la fe es una parte tan necesaria del sacramento que puede salvar aún sin el sacramento, y por esta razón el no agregó: “Aquel que no cree y no está bautizado.” (Trabajos de Lutero 1959, Vol. 36 páginas 66,67).

La trascendencia de los sacramentos también es mencionada en Apología de la Confesión de Augsburg (XIII:18-20): “Es mucho más necesario saber como usar los sacramentos. Aquí condenamos a toda la multitud de doctores escolásticos que enseñan eso, a menos que haya algún obstáculo, los sacramentos confieren gracia ex opere operato, sin una buena disposición de aquel que los está usando. Está después de todo el pensamiento judío el creer que nosotros estamos justificados por una ceremonia sin una buena disposición en nuestro corazón, esto es, sin fe. Sin embargo, esta noción impía y malvada se enseña
con gran autoridad a través del dominio papal. En oposición a esto Pablo niega que Abraham estaba justificado por la circuncisión, pero dice que la circuncisión era un signo dado para ejercer la fe. Así nosotros enseñamos que al usar los sacramentos debe haber una fe que cree esas promesas y acepta lo que está prometido y ofrecido en el sacramento. La razón por esto está clara y bien establecida.”

Es triste que la Iglesia Luterana haya adoptado, más y más, la interpretación católica de los sacramentos, excepto con lo relacionado con el número de ellos. Los sacramentos no han sido establecidos para recibir fe sino para fortalecer la fe. El uso correcto de los sacramentos requiere fe.

La fe viviente no se siente a si misma como fuerte; a pesar del hecho que Jesús dijo que podía mover montañas (Mateo 17:20), y Juan dice que superará al mundo. La fe, sin embargo, siente debilidad y dudas alrededor de ella. Nadie debe pensar que no puede aceptar a los sacramentos por una fe y unos pensamientos débiles. Esto pertenece especialmente a fe débil. Por medio del sacramento Dios desea fortalecer la fe débil y mostrar que sus fuertes promesas están vigentes.

Juhani Uljas
Traducido del Siionin Lähetyslehti número 6, 1997