The Kingdom of Heaven Is Like Treasure Hid in a Field
El Reino del Cielo Es Como Un Tesoro Escondido En Un Campo
Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro
escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de
nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra
aquel campo. (Mt. 13:44)
El Reino de los Cielos
No hay ningún tema que fuera más predominante en
las prédicas de Jesús que el reino de los cielos,
esto es, el reino de Dios. Fue el tema más común
de sus parábolas y fue el tema de su predicación.1 En realidad, Jesús dijo que la primera
cosa que un hombre debe buscar en la vida es el reino de Dios
y su justicia.2 Es importante encontrar
la justicia de Dios, por que Él ha declarado al hombre
justo, aún nuestras obras más buenas son impuras
e inaceptables a su vista.3 La justicia
que es aceptable ante Dios se encuentra en su Reino. A Jesús
se le pidió, una vez, que explicara cuando vendría
el reino de Dios. En su contestación Él revela dos
puntos esenciales: primero, el reino de Dios no es visible al
ojo humano y, segundo, está presente en medio de los hombres.4
Un Reino Oculto
Puede parecer imposible encontrar un reino que no puede ser visto,
pero con la ayuda de Dios se le puede encontrar.
Jesús dijo Pedid y se os dará; buscad,
y hallaréis; llamad y se os abrirá (Mt. 7:
7). También, en la parábola al comienzo de la página,
Jesús nos muestra que, aunque el reino está escondido,
en realidad puede ser encontrado.
La parábola ilustra porque el reino de Dios no puede ser
visto. Es como un tesoro enterrado en el polvo y la tierra de
un campo, oculto a la vista del hombre. Realmente es una figura
apropiada. En este mundo, el reino de Dios está oculto
bajo las fallas y las faltas de las personas creyentes, personas
a quienes Dios ha hecho del polvo de la tierra.5
Un Gran Tesoro
La parábola también muestra que pasa cuando un hombre
halla el reino de Dios. Él esconde su tesoro, vende todo
lo que tiene y lo compra. Dicho simplemente, el reino de Dios
y su tesoro llega a ser el asunto más importante en su
vida. El quiere, sobre todo lo demás, proteger y conservar
su tesoro recientemente encontrado y sigue a la gente de Dios
y al Señor Jesús.6
Como el hombre en la parábola, nosotros hemos hallado
el reino de Dios y obtenido su tesoro. Ahora llevamos este tesoro
en nuestros cuerpos corrompidos por el pecado. Queremos compartirlo
con usted.
Usted Puede Tener Este Tesoro
Lo que podemos ofrecerle a usted es el perdón de Dios en
Jesucristo. Este perdón es la esencia misma del evangelio
y la esencia del reino de Dios. Martín Lutero dijo: El
perdón de los pecados no es nada más que dos palabras
en las que se basa todo el reino de Cristo.... Esta palabra de
consuelo no cesará entre los cristianos hasta el último
día: Tus pecados te son perdonados, alégrate.
Un cristiano siempre usa este lenguaje y abiertamente declara
el perdón de los pecados. 7
Lutero tenía razón. Esta palabra de consuelo no
ha cesado. Los hijos de Dios viven de ella y la usan constantemente.
Se la decimos a cualquier pecador que anhela el perdón
de Dios.
Podemos darle a usted este tesoro porque Jesús nos ha dado
el poder de perdonarle a los hombres sus pecados. Él dijo
que lo que nosotros perdonemos en la tierra también se
perdona en el cielo, esto es, que es perdonado ante Dios. 8 Al creer en este evangelio de perdón
se obtiene lo que el promete, esto es el perdón de Dios
y la justicia de Jesucristo, la justicia que es aceptable a Dios.
Usted también puede obtenerla.
Iglesia Luterana Laestadian
10911 Hwy. 55, Suite 203
Plymouth, MN 55441-6114
763-544-8118
www.laestadianlutheran.org
Notas
1 Después de que Juan fue encarcelado, Jesús
vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios. Diciendo:
El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos,
y creed en el evangelio (Mr. 1:14 - 15).
Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas,
enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio
del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia
en el pueblo. (Mt. 9:35)
Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dió
poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.
Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los
enfermos. (Lc. 9:1 - 2)
2 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia
y todas las estas cosas os serán añadidas.
(Mt. 6:33)
3 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras
justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros
como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.
(Is. 64:6)
Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay
quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron,
a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno,
no hay ni siquiera uno. (Ro. 3:10 - 12)
4 Preguntado por los fariseos, cuándo había
de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino
de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán Helo
aquí, o helo allí; porque he aquí el reino
de Dios está entre vosotros. (Lc. 17:20,21)
5 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la
excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. (2 Co.
4:7)
6 Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del
Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación,
con gozo del Espíritu Santo. (1Ts. 1:6)
7 (Martín Lutero, Sermón para el 19º
domingo después de Trinidad en
Luthers Church Postil, Vol. V, traducción de John
Nicholas Lenker
(Minneapolis: Lutherans In All Lands Co.: 1905) 201, 202,209.
8 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros.
Como me envió el Padre, así también yo os
envío. Y habiendo dicho esto, sopló sobre, y les
dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis
los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis,
les son retenidos (Jn. 20:21 - 23)
De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra,
será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en
la tierra, será desatado en el cielo. (Mt. 18:18)
Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió
consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;
que Dios estaba en Cristo reconciliado consigo al mundo, no tomándoles
en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros
la palabra de la reconciliación. Así que, somos
embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio
de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con
Dios. (2 Co. 5:18 - 20)